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Testimonio: Claudia Guerrero

Mi nombre es Claudia Guerrero, nací en Manabi, Ecuador, segunda hija de cuatro hermanas en mi familia. Antes de conocer al señor Jesucristo estaba envuelta en muchas clases de vicios. Ahora, soy salva por su misericordia.

Cuando era niña, crecí en un hogar destruido, mis padres se separaron desde que yo era pequeña. Ellos no conocían de Cristo ni la palabra de Dios. Durante esos años, viví junto a mi abuela, quién se dedicaba a la brujería. Fui criada sin consejos, sin decencia, expuesta a los vicios por malas amistades que me condujeron a eso. Además, en mi propia familia también siempre sentí un vacía inmenso. No tuve ese amor y andaba, como se suele decir, a la buena de Dios.

Tuve muy malas experiencias en mi vida. Aún desde mi niñez, cuando aún vivía con mis padres; unos hombres me tocaban indebidamente, pero nunca se lo conté a mis padres por miedo.

En todo el tiempo que viví con mi madre, no era lo mismo. No había amor ni si quiera una palabra de aliento o comprensión. Muchas veces mi hermana mayor recordaba a mi padre y lloraba; mamá la abrazaba y lloraban juntas, mientras yo solo las veía de lejos.

Nunca recibí palabras como: ¡Te quiero hija!; ¡Ven! Voy a enseñarte a hacer esto… Ese afecto con el que todo niño(a) necesita tener. Para mis cumpleaños, mi abuela siempre nos hacía una reunión. Nos compraba un pastel y reunía a mis primos que vivían cerca. Aquel fue un hermoso momento que siempre recuerdo, junto a ellos ayudando a mi abuela con los deberes del hogar.

Cuando fui adolescente, no logré terminar mi secundaria. A pesar de que mi padre nos enviaba dinero desde España, no era suficiente para seguir adelante con mis estudios.

Contraje matrimonio a los 15 años y tuve mi primera hija con el que aún mi esposo. A pesar de todos los problemas y situaciones, tenemos ahora 12 años de casados por la gracia del Señor. Mi esposo me trajo a los Estados Unidos a vivir con él. Después de 2 años de llegar aquí acepté al Señor como mi único salvador. Él cambió mi vida, me salvó del pecado y de la vida vacía que llevaba. Jesucristo me regresó la dignidad y le dio valor a mi vida, me hizo una nueva criatura. Me bautice en las aguas el 30 de Julio del 2011. Sin embargo, congregaba en otra iglesia y, no sentía que estaba en el lugar correcto. Finalmente, por medio de una prédica, que vi en internet, del hermano Humberto Henao de Colombia, pude contactar con el Movimiento Misionero Mundial en EEUU y, hasta el día de hoy, sigo congregando aquí. El Señor me bendijo con mis 5 hermosas hijas y por todo lo que él ha hecho en vida, seguiré sirviéndole, esperando su venida o que nos llame a su presencia.

Amigo mío, ¡Cristo te ama! Espero mi testimonio sea de inspiración para tu vida.

¡Dios te bendiga!

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